Una manita de algodón

Millones de gotas rodando por el vidrio de la ventana me sentía liviana como cada gota.

Sobre la palma de mi mano había una manita pequeñita, suave como el algodón y cálida como la arena.

Le di gracias a Dios, agradecí al universo, a la divinidad, a la tierra, al cielo, agradecí  por verte sonreír. 

Abriste los ojos, me apretaste la mano. Y mis mañanas cambiaron, mis tardes se enriquecieron y mis noches mejoraron.

Cerré los ojos y los volví a abrir. 

Puse mis pies sobre el piso frío para sentir que no estaba soñando y vi a la gata junto a la almohada y le pregunté: ¿Vos también lo estás contemplando? 

Corrí por un café me lo tomé muy caliente para no perderme de ti, regresé a la habitación olía a montaña y di gracias a mis ancestros.

Te cargué y me pregunté: ¿Dónde quedaron aquellas tardes tristes?

Y tú volviste a sonreír.

Lili Orozco

 
 

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